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Martín Onti: Entre súplicas absurdas

MADRID, España.- Podríamos decir que suele ocurrir que esos pedidos absurdos que uno juzga imposibles de cumplirse, terminan transformándose en realidad. En fútbol, lo más parecido a que podría hacer referencia en este sentido ocurrió en la última Eurocopa disputada en Francia. Allí la selección de Portugal de Fernando Santos se clasificó campeona de Europa derrotando al conjunto anfitrión de Didier Deschamps y obteniendo el máximo galardón por primera vez en su historia.
Pues bien, a raíz de la "milagrosa" clasificación de Argentina a la Copa del Mundo en Rusia tras vencer a Ecuador en la altura de Quito y tras remontar un infortunado inicio de partido para terminar venciendo 3-1 –Messi mediante- algo de este tema merece ser tenido en cuenta para analizarlo en comparación a aquel Portugal campeón inesperado y sorprendente en 2016.
 
Argentina, el país en su entera extensión, no cabía en la agonía de las horas previas excepto por un puñado de conocedores del final acontecido. Tras el escalofrío vivido con el gol ecuatoriano, antes del minuto de juego, la posterior victoria supo a una gloria merecida para quienes siempre entienden la razón como un merecimiento que les corresponde por antonomasia. Por ello es bueno comprender a los pueblos en sus esencias para poder juzgar con cierto fundamento.
 
Ahora, tras esta clasificación directa a Rusia, el seleccionado dirigido –para mi es un decir- por Jorge Sampaoli, exige al Universo el torneo ecuménico para sí, sin importar que las leyes del juego sostengan que Argentina sólo deba tener el reconocimiento propio –si se debe aceptar como tal- de haber clasificado 'in extremis' y porque en ese conjunto anoche brilló en la altura quiteña el mejor jugador del mundo. Nada más.

Argentina no fue lo que la prensa en general de aquel país, y algunas de otros países que simpatizan más con Messi que con los argentinos, se atreve a dictaminar. Si me atrevo a deshilvanar la victoria de los de Sampaoli, debería ser honesto conmigo mismo y decir que la Albiceleste ganó a Ecuador sólo porque Lionel Messi vestía de celeste y blanco.
 
Del resto es mejor no hablar con seriedad para no faltarle el respeto a la profesión de "opinólogos", si se quiere llamarnos así, ni de la de futbolistas que intentan ganarse el sustento con lo producido ante Ecuador. Nadie en la escuadra argentina mostró, excepto La Pulga claro está, que se encuentra a la altura de representar a un equipo con ínfulas de Campeón del Mundo.
 
Escuchar, leer y ver imágenes que piden con una exigencia impropia de veracidades un trofeo para este seleccionado sólo porque en el mismo juegue Lionel Messi, es todo un despropósito de intenciones que no coinciden con una realidad tan opuesta a juicios lógicos, y que sólo puede ser tenido en cuenta como otra de las súplicas absurdas que se permite la relatividad de este bendito deporte.
 

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